Hola a todos, os voy a dejar un relato que envíe hace poco a Palabras Revista Literaria. Mi intención era colaborar con un relato y me encantó hilar este relato cuya idea me vino de repente. Espero que os guste y disfrutéis con su lectura.
EL CABALLERO DE MIS SUEÑOS
Ariadna tenía ese sueño cada noche. Empezaba a preocuparse, nunca antes había tenido un sueño recurrente y menos de ese tipo. Esa noche se acostó siguiendo su rutinario ritual: cenó, se duchó, se cepilló los dientes y se acostó en la cama dispuesta a cumplir la hora rigurosa de lectura. Pero como todas las noches, Morfeo la visitó antes de tiempo.
“Como siempre se encontraba a las afueras de un castillo, estaba como esperando a alguien. Llevaba un traje largo, sencillo y muy ajustado en el pecho. La luna estaba llena y la luz se esparcía por el patio exterior del castillo. Una figura avanzaba hacia donde estaba, la silueta era la de un caballero. Su cota de malla y su armadura brillaban como si reflejara la luz del sol. Conforme avanzaba la silueta iba adquiriendo nitidez y se dio cuenta de que era un gigante. El jinete se apeó del caballo antes que este parara, mientras caminaba hacia ella se quitó el yelmo y Ariadna quedó prendida de unos ojos azules como el mar.
Sin decir palabra el hombre la abarcó en sus brazos y como si la conociera, la besó con pasión. Jamás había sentido nada parecido con un beso, ese hombre la engullía por completo y sus manos volaban por su cuerpo incendiándola por completo…”
Entonces despertaba…era frustrante quedarse todos los días igual. Cada día estaba más nerviosa, sus días pasaban raudos y veloces con el anhelo de que llegara la noche para ver a su ¿amante secreto? Era de risa…pero se conformaba con eso.
En el trabajo sufría las incesantes charlas de Lorena, su mejor amiga. Ese día, como siempre, la miraba.
— ¿Qué tal anoche?—Ariadna bajó la mirada.
— Igual que siempre.
— Ese sueño recurrente te va a hacer polvo.
— Ajá, me despierto muerta de cansancio.
El trabajo se desarrolló como siempre, solo que un compañero les contó que iban a hacer una recreación histórica el sábado en el centro. Lorena la miró enseguida.
— ¿Nos apuntamos?
— ¿Qué dices…?
— A lo mejor encuentras al caballero de tus sueños—. Ariadna abrió los ojos.
— Estás loca de remate, es solo un sueño.
∞
Sergei desmontó del caballo y tiró el yelmo al suelo. Estaba agotado, su pelo oscuro se pegaba a su torso del sudor, la armadura le pesaba un quintal y no sentía el brazo derecho. El caballo castaño relinchó al sentirse libre del peso del hombre. Estaba engalanado con una armadura de guerra. Era un bello ejemplar y el jinete era digno de su montura.
— ¿Agotado de entrenar Sergei?—este se giró al oír la voz y sonrió al ver a su amigo.
—Aun te puedo vencer con los ojos cerrados—.El otro rió a carcajadas.
— No lo dudo, sabes que eres el mejor —. Sergei sonrió.
— Esta armadura me está matando, ayúdame a quitarla —.el otro se acercó a él y le ayudó a quitarse el peto que llevaba atado con unas cinchas alrededor del pecho. El guantelete lo lanzó al suelo, tenía los nudillos rasgados por el roce del metal.
— No sé como te puedes mover con esto tan pesado y encima a caballo.
— Para eso entreno para llevarlo con más facilidad.
Tras quitarse esa dura y gruesa capa de protección los hombres fueron a descansar.
— ¿Está todo preparado para mañana?
— La justa será un éxito.
— Ojala —.Le habían escogido porque montaba bien a caballo y tenía arte para los combates cuerpo a cuerpo. El arte de la espada para él no tenía misterio ninguno.
— No te preocupes tanto, todo saldrá perfecto. Lo que pasa es que eres muy perfeccionista.
— Quiero que la gente quede contento con la justa.
— Créeme que lo estarán, compañero.
∞
El ambiente era etéreo, olía a comida y a manzanas asadas. Los tenderetes se alzaban a los lados y cada artesano enseñaba sus diseños. Las calles empedradas estaban cubiertas de paja, los animales paseaban por ellas sin miedo alguno ante tanta gente.
Ariadna se paseaba por ese paraíso con un grupo de compañeros. Lorena iba a su lado y no le quitaba ojo de encima. En medio de una plaza se alzaba un pequeño escenario, en el cual un hombre vestido de arlequín hacia acrobacias. Cuando terminó su actuación, una hermosa mujer ocupó su lugar.
— Señoras y señores, público en general. Si quieren ser testigos de una espectacular justa no duden en acercarse a la entrada de la plaza donde tendrá lugar en unos minutos una justa entre caballeros.
Lorena miró a Ariadna y la cogió del brazo para apartarla del grupo.
— ¿Has oído? ¡Vamos!... ¡Caballeros!
Ariadna la seguía aguantando una sonrisa. La primera fila estaba repleta de gente, se contentaron con una segunda fila que no estaba nada mal. La calle estaba cubierta de paja, una peana partía la calle en dos como si se tratara de una…
Los caballeros se agolpaban al final de esta, luciendo sus cotas de malla y sus armaduras. Ariadna no les quitaba ojo de encima, era impresionante. La trompeta tocó y se rogó silencio.
— Bienvenidos a la justa del amor. Los caballeros de batirán en una lid y el vencedor nombrará a la reina del amor. Así que…todas las damas preparadas por si un apuesto caballero les pide una prenda.
Sergei esperaba a un lado, miraba hacia los lados y sonreía. Las gentes le miraban con atención. Ahora venía el punto curioso de la recreación: los caballeros debían pedir las prendas a una dama del público. Era algo que solían hacer para que el público se sintiera inmerso en la época. Le hicieron una seña y adelantó al caballo. Lo bueno era que solo se le veían los ojos.
Los caballos empezaron a pasearse entre la gente que se agolpaba, Sergei miró hacia un lado. Infinidad de mujeres le miraban con interés, pero entonces le sorprendió una mirada dorada. Miró a la mujer, era preciosa y le miraba con arrobación. Sus mejillas estaban levemente sonrosadas. Sonrió para sí y se dirigió hacia ella.
∞
Ariadna veía como el caballero se acercaba hasta donde estaba ella, ¡era como en su sueño! Pero esta vez era real, cuando estuvo lo bastante cerca se paró y ella se quedó atrapada en una mirada azul.
— Señora, os ruego me concedáis una prenda y lucharé por vos y vuestro amor. Pues vuestra belleza eclipsa a cualquiera.
La gente se hizo a un lado entre murmullos y risas. Ella tragó saliva y se echó la mano al cuello. Siempre llevaba un pañuelo, el caballero alargó su lanza y ella ató con manos temblorosas el pañuelo como había visto en algunas películas.
— ¡Dile algo, por dios!
Lorena la sacó de su sueño, estaba tan mortificada que no era capaz de hablar así que le hizo una graciosa reverencia que sobrevino en aplausos por parte de la gente.
“Pensarán que está todo organizado” Observó como el caballero desataba el pañuelo rosa y se lo metió por dentro de la armadura, donde le quedaría muy cerca del corazón. En ningún momento rompió el campo visual con ella.
—La justa va a empezar, las damas que hayan otorgado prenda a un caballero tienen un sitio privilegiado en el palenque real. Ariadna se puso colorada y Lorena la empujó.
— Ve…anda…no puedes dejar así a tu caballero.
— No lo entiendes…él…sus ojos…
— ¡Explícate mejor!
— ¡Sus ojos son los de mi sueño! —Lorena la miró sorprendida.
— Pues mejor me las pones, ¡Ve ahora mismo!—se dejó conducir con las otras mujeres. En total eran seis. Ocuparon sus asientos y Ariadna comprobó que desde allí la vista era espléndida. En todo momento y hasta que se sentaron les acompañó el tañido de las trompetas. El hombre dijo que los caballeros se presentarían ante ellas para mostrarles su honestidad. Los caballeros fueron desfilando ante sus ojos y pronto se vio prendida de una conocida mirada azul que la embargaba por completo.
— Soy el caballero Sergei de la casa Morgen, rindo pleitesía al rey y a la dama del pañuelo rosa —.se arrodilló e hizo una reverencia.
Ariadna se levantó como un resorte, no sabía por qué, necesitaba decirle algo a ese caballero. Aunque sabía que todo era mentira y solo era una representación.
—Os deseo suerte, buen caballero —.Sergei le sonrió y asintió. Mientras se ponía en su lugar, observó a los encargados de comprobar el estado de las armas. Cuando dieron por finalizada su tarea, la justa empezó.
Sergei observó a los contendientes y deseó ganar para que esa mujer fuera la reina de la justa. Sabía que todo era una representación, pero algo distinto notaba en su pecho. La primera pareja de caballeros se enfrentó y pronto uno de ellos rompió las tres lanzas del otro. Poco a poco quedaron él y su contrincante, el caballero Hugo, fiero en las luchas.
Se calzó el yelmo bien y cogió bien fuerte la lanza y su escudo. Cuando dieron la señal ambos caballos salieron en un rápido galope y ambos caballeros se encontraron. Sus lanzas salieron volando del tremendo golpe que se dieron, estaban empatados. Las lanzas eran con la punta roma para no hacerse daño. En el segundo golpe, Sergei rompió la lanza de Hugo, tan solo le quedaba un golpe para salir vencedor de la lid.
En el último momento y cuando se acercaban, el caballo de Sergei hizo un movimiento en falso y la lanza de Hugo golpeó de lleno en su pecho. Sintió como mil sainetes se clavaban en su dolorido pecho mientras caía del caballo. Un revuelo de voces se elevó en torno a él, pero se levantó y con una mano hizo una señal y con la otra desenvainó la espada.
El otro caballero asintió y bajó del caballo, para comenzar un duelo a espada.
Ariadna sabía que todo era mentira, pero no pudo evitar levantarse al ver que se había caído. Su cara se desfiguró al ver que ambos caballeros iniciaban un duelo con las espadas.
Ni en la mejor película la gente había visto semejante duelo, ambos caballeros se movían todo lo que sus armaduras les dejaban. Blandían sus espadas y lanzaban mandobles que eran interceptados por los escudos. Al final el caballero Sergei se alzó con la victoria. Se acercó al palenque.
— Caballero Sergei, sois el ganador de la justa y como tal os toca nombrar a la reina del amor.
— La dama del pañuelo rosa es…—alzó el pañuelo e hizo un gesto de dolor. No se había dado cuenta de que se había hecho daño con el fragor de la lucha —. Ariadna bajó y enseguida estuvo a su lado.
— ¿Te encuentras bien?—Sergei la miró y se quitó el yelmo. Ella lo miró, era más guapo de lo que había creído.
— Ahora sí, no siento nada —. Ella sonrió, pero se le borró enseguida cuando vio que caía al suelo.
Ariadna se quedó de pie observando como un grupo de hombres se acercaba a él y se lo llevaban. Comenzaron a quitarle la armadura. Las capas de armadura dejaban paso a un hombre normal, la cota de malla fue retirada y quedó con una fina camisa de algodón.
—Rápido, el golpe ha abollado la armadura y no le deja respirar. ¡Necesita aire!—el hombre comenzaba a preocuparse— ¿Sergei estás bien?—el joven empezó a toser—. Ese golpe te ha fastidiado, amigo.
El joven volvió en sí, no sabía que había pasado.
— Joder, ¡Qué susto me has dado!
— Ha sido un combate duro— Sergei miró hacia los lados— ¿Dónde está ella?—el otro se sorprendió ante la pregunta.
— ¿Quién?
— Me parece que se refiere a la mujer que le ofreció la prenda —.Roberto miró con incredulidad al hombre que había hablado y luego miró a Sergei con sorna.
— Se habrá ido —.él se echó hacia atrás. ¿Habría sido un sueño?
— Tengo que encontrarla.
— Tú no te levantas de ahí hasta que te haya visto un médico. Te han dado un golpe muy fuerte en el pecho. Además, ¿Desde cuándo te pones así por una simple mujer? —. Su amigo no lo entendía, ella era distinta.
— Tú no lo entiendes—. Un revuelo de voces se alzó y llegó hasta ellos.
Ariadna observó que Lorena se acercaba, su cara denotaba preocupación y miedo.
— ¿Qué ha pasado? —. Ariadna le explicó lo que había pasado — .Joder parecía una película de verdad.
— Ha sido impresionante, la justa, el combate. Me he sentido en otro tiempo.
— Ve a ver como está —.Ella miró a su amiga.
— Se lo han llevado.
— Pues vamos a buscarlo. ¿Por dónde han ido? — Lorena era cabezota y estaba perdida ante su insistencia, pero se dio cuenta de que quería volver a verlo y comprobar que estaba bien.
Llegaron hasta el edificio donde había visto que se lo llevaban. La puerta estaba cerrada y tocaron fuerte. Un hombre alto, fuerte y con cara de pocos amigos les abrió la puerta.
—Exijo ver al caballero Sergei —. El hombre sonrió.
— Señora no pueden entrar en este recinto, solo los que trabajan aquí están autorizados a…
— Carlos, déjalas pasar—. Ariadna miró al caballero, pero solo vio a un hombre atractivo que se apoyaba al marco de la puerta. La armadura había desaparecido y su torso estaba cubierto por una camisa blanca que dejaba poco a su imaginación. La miraba con los ojos cargados de… ¿pasión? Sus miradas quedaron varadas durante un tiempo indefinido, hasta que ella rompió el silencio.
— ¿Estás bien?—él asintió.
— Ha sido un golpe tonto, pero me ha abollado la armadura y no me dejaba respirar —. Su mano se entretuvo con su pelo y Ariadna dejó de respirar durante unos segundos.
— Me alegro que no haya sido nada. Gracias por todo, caballero —. Se volvió para irse cuando sintió que una mano la retenía.
— Espera, eres mi dama y me debes mi premio —. Ella se giró y enarcó una ceja extrañada.
— ¿Premio? No se dijo nada de ningún premio —. Los ojos azules la engullían como llamas de fuego.
— Me lo he inventado ahora mismo…además creo que me lo he ganado con creces —. Ella sonrió a ese pícaro caballero.
— ¿Y que queréis como premio, oh valiente caballero?
— Ya me contarás porque hablas tan bien, cuando me haya cobrado el premio.
Ariadna iba a decir algo cuando sintió como sus brazos la rodeaban y la abarcaban por completo. Notó el contacto de sus labios, y su cuerpo se hubiera desplomado si no fuera porque él la sujetaba fuerte. Se rindió al beso y colaboró con toda la pasión que llevaba oculta desde hacia tanto tiempo.
Ese era su lugar, estaba seguro. Nunca se había sentido tan bien con una mujer entre sus brazos como con esta. No la dejaría escapar. Alzó la cabeza y la miró.
— Espero que no tengas planes, me gustaría que vinieras conmigo al banquete de honor.
— Te acompañaré encantada.
Su sueño se había hecho realidad y ahora tenía al caballero de sus sueños a su lado y para siempre.
FIN
EL CABALLERO DE MIS SUEÑOS
Ariadna tenía ese sueño cada noche. Empezaba a preocuparse, nunca antes había tenido un sueño recurrente y menos de ese tipo. Esa noche se acostó siguiendo su rutinario ritual: cenó, se duchó, se cepilló los dientes y se acostó en la cama dispuesta a cumplir la hora rigurosa de lectura. Pero como todas las noches, Morfeo la visitó antes de tiempo.
“Como siempre se encontraba a las afueras de un castillo, estaba como esperando a alguien. Llevaba un traje largo, sencillo y muy ajustado en el pecho. La luna estaba llena y la luz se esparcía por el patio exterior del castillo. Una figura avanzaba hacia donde estaba, la silueta era la de un caballero. Su cota de malla y su armadura brillaban como si reflejara la luz del sol. Conforme avanzaba la silueta iba adquiriendo nitidez y se dio cuenta de que era un gigante. El jinete se apeó del caballo antes que este parara, mientras caminaba hacia ella se quitó el yelmo y Ariadna quedó prendida de unos ojos azules como el mar.
Sin decir palabra el hombre la abarcó en sus brazos y como si la conociera, la besó con pasión. Jamás había sentido nada parecido con un beso, ese hombre la engullía por completo y sus manos volaban por su cuerpo incendiándola por completo…”
Entonces despertaba…era frustrante quedarse todos los días igual. Cada día estaba más nerviosa, sus días pasaban raudos y veloces con el anhelo de que llegara la noche para ver a su ¿amante secreto? Era de risa…pero se conformaba con eso.
En el trabajo sufría las incesantes charlas de Lorena, su mejor amiga. Ese día, como siempre, la miraba.
— ¿Qué tal anoche?—Ariadna bajó la mirada.
— Igual que siempre.
— Ese sueño recurrente te va a hacer polvo.
— Ajá, me despierto muerta de cansancio.
El trabajo se desarrolló como siempre, solo que un compañero les contó que iban a hacer una recreación histórica el sábado en el centro. Lorena la miró enseguida.
— ¿Nos apuntamos?
— ¿Qué dices…?
— A lo mejor encuentras al caballero de tus sueños—. Ariadna abrió los ojos.
— Estás loca de remate, es solo un sueño.
∞
Sergei desmontó del caballo y tiró el yelmo al suelo. Estaba agotado, su pelo oscuro se pegaba a su torso del sudor, la armadura le pesaba un quintal y no sentía el brazo derecho. El caballo castaño relinchó al sentirse libre del peso del hombre. Estaba engalanado con una armadura de guerra. Era un bello ejemplar y el jinete era digno de su montura.
— ¿Agotado de entrenar Sergei?—este se giró al oír la voz y sonrió al ver a su amigo.
—Aun te puedo vencer con los ojos cerrados—.El otro rió a carcajadas.
— No lo dudo, sabes que eres el mejor —. Sergei sonrió.
— Esta armadura me está matando, ayúdame a quitarla —.el otro se acercó a él y le ayudó a quitarse el peto que llevaba atado con unas cinchas alrededor del pecho. El guantelete lo lanzó al suelo, tenía los nudillos rasgados por el roce del metal.
— No sé como te puedes mover con esto tan pesado y encima a caballo.
— Para eso entreno para llevarlo con más facilidad.
Tras quitarse esa dura y gruesa capa de protección los hombres fueron a descansar.
— ¿Está todo preparado para mañana?
— La justa será un éxito.
— Ojala —.Le habían escogido porque montaba bien a caballo y tenía arte para los combates cuerpo a cuerpo. El arte de la espada para él no tenía misterio ninguno.
— No te preocupes tanto, todo saldrá perfecto. Lo que pasa es que eres muy perfeccionista.
— Quiero que la gente quede contento con la justa.
— Créeme que lo estarán, compañero.
∞
El ambiente era etéreo, olía a comida y a manzanas asadas. Los tenderetes se alzaban a los lados y cada artesano enseñaba sus diseños. Las calles empedradas estaban cubiertas de paja, los animales paseaban por ellas sin miedo alguno ante tanta gente.
Ariadna se paseaba por ese paraíso con un grupo de compañeros. Lorena iba a su lado y no le quitaba ojo de encima. En medio de una plaza se alzaba un pequeño escenario, en el cual un hombre vestido de arlequín hacia acrobacias. Cuando terminó su actuación, una hermosa mujer ocupó su lugar.
— Señoras y señores, público en general. Si quieren ser testigos de una espectacular justa no duden en acercarse a la entrada de la plaza donde tendrá lugar en unos minutos una justa entre caballeros.
Lorena miró a Ariadna y la cogió del brazo para apartarla del grupo.
— ¿Has oído? ¡Vamos!... ¡Caballeros!
Ariadna la seguía aguantando una sonrisa. La primera fila estaba repleta de gente, se contentaron con una segunda fila que no estaba nada mal. La calle estaba cubierta de paja, una peana partía la calle en dos como si se tratara de una…
Los caballeros se agolpaban al final de esta, luciendo sus cotas de malla y sus armaduras. Ariadna no les quitaba ojo de encima, era impresionante. La trompeta tocó y se rogó silencio.
— Bienvenidos a la justa del amor. Los caballeros de batirán en una lid y el vencedor nombrará a la reina del amor. Así que…todas las damas preparadas por si un apuesto caballero les pide una prenda.
Sergei esperaba a un lado, miraba hacia los lados y sonreía. Las gentes le miraban con atención. Ahora venía el punto curioso de la recreación: los caballeros debían pedir las prendas a una dama del público. Era algo que solían hacer para que el público se sintiera inmerso en la época. Le hicieron una seña y adelantó al caballo. Lo bueno era que solo se le veían los ojos.
Los caballos empezaron a pasearse entre la gente que se agolpaba, Sergei miró hacia un lado. Infinidad de mujeres le miraban con interés, pero entonces le sorprendió una mirada dorada. Miró a la mujer, era preciosa y le miraba con arrobación. Sus mejillas estaban levemente sonrosadas. Sonrió para sí y se dirigió hacia ella.
∞
Ariadna veía como el caballero se acercaba hasta donde estaba ella, ¡era como en su sueño! Pero esta vez era real, cuando estuvo lo bastante cerca se paró y ella se quedó atrapada en una mirada azul.
— Señora, os ruego me concedáis una prenda y lucharé por vos y vuestro amor. Pues vuestra belleza eclipsa a cualquiera.
La gente se hizo a un lado entre murmullos y risas. Ella tragó saliva y se echó la mano al cuello. Siempre llevaba un pañuelo, el caballero alargó su lanza y ella ató con manos temblorosas el pañuelo como había visto en algunas películas.
— ¡Dile algo, por dios!
Lorena la sacó de su sueño, estaba tan mortificada que no era capaz de hablar así que le hizo una graciosa reverencia que sobrevino en aplausos por parte de la gente.
“Pensarán que está todo organizado” Observó como el caballero desataba el pañuelo rosa y se lo metió por dentro de la armadura, donde le quedaría muy cerca del corazón. En ningún momento rompió el campo visual con ella.
—La justa va a empezar, las damas que hayan otorgado prenda a un caballero tienen un sitio privilegiado en el palenque real. Ariadna se puso colorada y Lorena la empujó.
— Ve…anda…no puedes dejar así a tu caballero.
— No lo entiendes…él…sus ojos…
— ¡Explícate mejor!
— ¡Sus ojos son los de mi sueño! —Lorena la miró sorprendida.
— Pues mejor me las pones, ¡Ve ahora mismo!—se dejó conducir con las otras mujeres. En total eran seis. Ocuparon sus asientos y Ariadna comprobó que desde allí la vista era espléndida. En todo momento y hasta que se sentaron les acompañó el tañido de las trompetas. El hombre dijo que los caballeros se presentarían ante ellas para mostrarles su honestidad. Los caballeros fueron desfilando ante sus ojos y pronto se vio prendida de una conocida mirada azul que la embargaba por completo.
— Soy el caballero Sergei de la casa Morgen, rindo pleitesía al rey y a la dama del pañuelo rosa —.se arrodilló e hizo una reverencia.
Ariadna se levantó como un resorte, no sabía por qué, necesitaba decirle algo a ese caballero. Aunque sabía que todo era mentira y solo era una representación.
—Os deseo suerte, buen caballero —.Sergei le sonrió y asintió. Mientras se ponía en su lugar, observó a los encargados de comprobar el estado de las armas. Cuando dieron por finalizada su tarea, la justa empezó.
Sergei observó a los contendientes y deseó ganar para que esa mujer fuera la reina de la justa. Sabía que todo era una representación, pero algo distinto notaba en su pecho. La primera pareja de caballeros se enfrentó y pronto uno de ellos rompió las tres lanzas del otro. Poco a poco quedaron él y su contrincante, el caballero Hugo, fiero en las luchas.
Se calzó el yelmo bien y cogió bien fuerte la lanza y su escudo. Cuando dieron la señal ambos caballos salieron en un rápido galope y ambos caballeros se encontraron. Sus lanzas salieron volando del tremendo golpe que se dieron, estaban empatados. Las lanzas eran con la punta roma para no hacerse daño. En el segundo golpe, Sergei rompió la lanza de Hugo, tan solo le quedaba un golpe para salir vencedor de la lid.
En el último momento y cuando se acercaban, el caballo de Sergei hizo un movimiento en falso y la lanza de Hugo golpeó de lleno en su pecho. Sintió como mil sainetes se clavaban en su dolorido pecho mientras caía del caballo. Un revuelo de voces se elevó en torno a él, pero se levantó y con una mano hizo una señal y con la otra desenvainó la espada.
El otro caballero asintió y bajó del caballo, para comenzar un duelo a espada.
Ariadna sabía que todo era mentira, pero no pudo evitar levantarse al ver que se había caído. Su cara se desfiguró al ver que ambos caballeros iniciaban un duelo con las espadas.
Ni en la mejor película la gente había visto semejante duelo, ambos caballeros se movían todo lo que sus armaduras les dejaban. Blandían sus espadas y lanzaban mandobles que eran interceptados por los escudos. Al final el caballero Sergei se alzó con la victoria. Se acercó al palenque.
— Caballero Sergei, sois el ganador de la justa y como tal os toca nombrar a la reina del amor.
— La dama del pañuelo rosa es…—alzó el pañuelo e hizo un gesto de dolor. No se había dado cuenta de que se había hecho daño con el fragor de la lucha —. Ariadna bajó y enseguida estuvo a su lado.
— ¿Te encuentras bien?—Sergei la miró y se quitó el yelmo. Ella lo miró, era más guapo de lo que había creído.
— Ahora sí, no siento nada —. Ella sonrió, pero se le borró enseguida cuando vio que caía al suelo.
Ariadna se quedó de pie observando como un grupo de hombres se acercaba a él y se lo llevaban. Comenzaron a quitarle la armadura. Las capas de armadura dejaban paso a un hombre normal, la cota de malla fue retirada y quedó con una fina camisa de algodón.
—Rápido, el golpe ha abollado la armadura y no le deja respirar. ¡Necesita aire!—el hombre comenzaba a preocuparse— ¿Sergei estás bien?—el joven empezó a toser—. Ese golpe te ha fastidiado, amigo.
El joven volvió en sí, no sabía que había pasado.
— Joder, ¡Qué susto me has dado!
— Ha sido un combate duro— Sergei miró hacia los lados— ¿Dónde está ella?—el otro se sorprendió ante la pregunta.
— ¿Quién?
— Me parece que se refiere a la mujer que le ofreció la prenda —.Roberto miró con incredulidad al hombre que había hablado y luego miró a Sergei con sorna.
— Se habrá ido —.él se echó hacia atrás. ¿Habría sido un sueño?
— Tengo que encontrarla.
— Tú no te levantas de ahí hasta que te haya visto un médico. Te han dado un golpe muy fuerte en el pecho. Además, ¿Desde cuándo te pones así por una simple mujer? —. Su amigo no lo entendía, ella era distinta.
— Tú no lo entiendes—. Un revuelo de voces se alzó y llegó hasta ellos.
Ariadna observó que Lorena se acercaba, su cara denotaba preocupación y miedo.
— ¿Qué ha pasado? —. Ariadna le explicó lo que había pasado — .Joder parecía una película de verdad.
— Ha sido impresionante, la justa, el combate. Me he sentido en otro tiempo.
— Ve a ver como está —.Ella miró a su amiga.
— Se lo han llevado.
— Pues vamos a buscarlo. ¿Por dónde han ido? — Lorena era cabezota y estaba perdida ante su insistencia, pero se dio cuenta de que quería volver a verlo y comprobar que estaba bien.
Llegaron hasta el edificio donde había visto que se lo llevaban. La puerta estaba cerrada y tocaron fuerte. Un hombre alto, fuerte y con cara de pocos amigos les abrió la puerta.
—Exijo ver al caballero Sergei —. El hombre sonrió.
— Señora no pueden entrar en este recinto, solo los que trabajan aquí están autorizados a…
— Carlos, déjalas pasar—. Ariadna miró al caballero, pero solo vio a un hombre atractivo que se apoyaba al marco de la puerta. La armadura había desaparecido y su torso estaba cubierto por una camisa blanca que dejaba poco a su imaginación. La miraba con los ojos cargados de… ¿pasión? Sus miradas quedaron varadas durante un tiempo indefinido, hasta que ella rompió el silencio.
— ¿Estás bien?—él asintió.
— Ha sido un golpe tonto, pero me ha abollado la armadura y no me dejaba respirar —. Su mano se entretuvo con su pelo y Ariadna dejó de respirar durante unos segundos.
— Me alegro que no haya sido nada. Gracias por todo, caballero —. Se volvió para irse cuando sintió que una mano la retenía.
— Espera, eres mi dama y me debes mi premio —. Ella se giró y enarcó una ceja extrañada.
— ¿Premio? No se dijo nada de ningún premio —. Los ojos azules la engullían como llamas de fuego.
— Me lo he inventado ahora mismo…además creo que me lo he ganado con creces —. Ella sonrió a ese pícaro caballero.
— ¿Y que queréis como premio, oh valiente caballero?
— Ya me contarás porque hablas tan bien, cuando me haya cobrado el premio.
Ariadna iba a decir algo cuando sintió como sus brazos la rodeaban y la abarcaban por completo. Notó el contacto de sus labios, y su cuerpo se hubiera desplomado si no fuera porque él la sujetaba fuerte. Se rindió al beso y colaboró con toda la pasión que llevaba oculta desde hacia tanto tiempo.
Ese era su lugar, estaba seguro. Nunca se había sentido tan bien con una mujer entre sus brazos como con esta. No la dejaría escapar. Alzó la cabeza y la miró.
— Espero que no tengas planes, me gustaría que vinieras conmigo al banquete de honor.
— Te acompañaré encantada.
Su sueño se había hecho realidad y ahora tenía al caballero de sus sueños a su lado y para siempre.
FIN
