Hola hoy os traigo el Proyecto Adictos a la escritura: Este mes se trata de la festivivdad de Halloween, el relato debe tratar sobre la noche en la que el mundo de los vivos y de los muertos se mezclan. Los antiguos celtas creían que la línea que une a este mundo con el de los muertos se estrechaba con el cambio de estaciones, permitiendo a los espíritus pasar a través de ella.
Espero que os guste porque la inspiración no llegaba a mí.
EL BESO DEL FANTASMA
Había llegado Halloween y la ansiada noche de las brujas se había convertido en el plan perfecto para mi grupo de amigas. No me apetecía nada vestirme de bruja sexy y menos buscar un ligue, pero Rachel, mi mejor amiga, ya lo había organizado todo y había comprado los disfraces. No me quería imaginar a un grupo de treintañeras en ese loco plan.
Además no me gustaba nada esa disparatada fiesta, no creía en el más allá ni en fantasmas, cosas extrañas…etc. Era una persona con los pies sobre la tierra y encima trabajaba en un laboratorio, razón de más para creer en la ciencia empírica y no en cosas sobrenaturales.
El teléfono vibró dentro del bolsillo de mi vaquero. Al sacarlo fruncí el ceño, era Rachel. ¿Otra vez? Estaba preparada de nuevo para oír todas las cosas que íbamos a hacer esa noche y encima con la energía de mi amiga era algo que me daba apuro. La quería mucho, pero a veces desaparecería de su lado por no escucharla.
Sé que era de mala educación no cogerle la llamada, pero hacía dos horas me había tenido media hora hablando de los zapatos que íbamos a ponernos. Al final le dije que me daba igual el color y que confiaba en su buen gusto para la moda, cosa que la dejó hipercontenta.
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Era la noche. Había esperado durante una eternidad, y por fin podría salir a esa mágica noche en la que la línea que separaba ambos mundos se estrechaba permitiendo pasar a través de ella.
Desde esa fatídica muerte no pude volver a estar en paz y hoy por fin iba a conseguir la paz para su alma. Había sido un camino difícil y lleno de presiones, pero por fin podría volver a su sitio. Ese amado sitio, el cual nunca tendría que haber abandonado. No me explicaba muy bien lo que había sucedido para llegar hasta donde ahora me encontraba, pero todo acabaría esa noche.
Una oscuridad rondaba mi alma, y no podía desprenderme de ella. Me habían dicho que allí permanecería mucho tiempo, pero siempre había sido nervioso e inquieto y no lo he asumido todavía. Ya no recordaba mi hogar, ni las cosas que en él sentía.
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La medianoche se acercaba en el gran reloj de la plaza. El lugar estaba atestado de gente y la joven se sentía acorralada y apretada. Le agobiaba la muchedumbre y más en ese estado de alcoholismo. Miró a sus amigas, estaban muy entretenidas mirando a un grupo de chicos que iban disfrazados de fantasmas. Este año había dado por los disfraces colectivos. Así que se escabulló de ese sitio, buscando otro más tranquilo.
Con cuanta alegría se habría quedado en su dulce hogar. Iba caminando hacia la biblioteca, que quedaba muy cerca de casa, cuando vio la silueta de un chico. Un blancor le envolvía y conforme se acercaba vio como su palidez se acentuaba a la luz de la luna. Sus ojos eran de un color que no sabía muy bien especificar, y más cuando notó como le sondeaban de arriba abajo. Vaya con el fantasma.
El joven se perdió en los ojos dorados de esa extraña bruja, sería una mujer disfrazada en esa loca noche en la que muchos salían disfrazados a las calles.
— Llevas un disfraz espectacular. Pareces de verdad –Sergio se miró, esa loca creía que también iba disfrazado. ¿Es que no creía en fantasmas?
— ¿No crees en fantasmas? –la mujer dudó unos minutos, mientras posaba un dedo sobre sus labios en señal de concentración y arrugaba el ceño en un gesto que le pareció muy sensual.
— Me parece que no. Soy una científica y no creo en cosas sobrenaturales –el rió para sí mismo.
—Te puedo dar una prueba de la existencia de fantasmas –hizo la aseveración de una forma tan contundente que por un momento sintió curiosidad por ese chico.
—Espero que me la des.
— Cierra los ojos –ella obedeció, no sin antes picar un ojo—. Eso no vale. Ciérralos bien.
Él se acercó a ella. Sabía que no podía hacerlo, pero que mejor prueba que un contacto con un fantasma. Anhelaba sentir el olor de esa chica, quería invadirse de su aroma y de su presencia. Por un instante se sintió vivo de nuevo para volver a amar.
Posó sus labios sobre los de ella, solo quería sentir algo…pero nada. Todo había muerto esa noche y se alejó de ella.
Sheila cerró los ojos, no sabía por qué pero se fiaba de ese joven de ojos indefinidos. Podía sentir como algo se acercaba a ella, su piel lo notó erizándose. No había aliento que se desprendiera de esa boca, pero se la imaginaba muy cerca de ella. Unos segundos después, sintió un leve roce que produjo en su cuerpo una onda de escalofríos incontrolables. Cuando abrió los ojos, el joven estaba muy lejos de ella.
— ¿Qué ha pasado? ¿Qué he sentido? –él se extrañó.
— ¿Has sentido algo? –ella afirmó con la cabeza—. Pues me alegra porque yo no, estoy vacío y…
No pudo acabar de hablar porque la joven se había acercado hasta él y se había puesto muy cerca. Su cercanía nada podía, pero de repente todo cambió. Sintió su cuerpo de nuevo, podía oler el perfume de ella. Olía de una forma deliciosa a vainilla. ¿Qué había producido el milagro de la vida?
— ¿Qué hora es?
— Medianoche –él sonrió. Eso había sido, la hora había llegado y con ella un momento efímero para vivir. Se acercó a la joven más todavía, sus cuerpos se atraían como dos imanes recién cargados.
— Aprovechémoslo –dicho esto, se lanzó a sus labios para ahogarse de lleno en ellos. Jamás había sentido tantas ganas de vivir como en ese momento. Sheila se derretía con ese beso, no quería que terminara nunca. La noche era mágica y quien sabe como terminaría.
