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Channel: Raquel Campos
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RELATO DE NAVIDAD "VOLVER A TI"

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Hola a tod@s. Las fiestas están a la vuelta de la esquina y como todos los años, voy a estar fuera una semana. Os dejo un relato corto que he escrito para la colaboración en la revista Emblogrium aquí. Un relato con un gran mensaje, el perdón en estas fiestas tan entrañables, para poder encauzar unas vidas, que parecían perdidas.

Espero que disfrutéis de "Volver a ti"


Ana miraba por la ventana, el aire arrastraba las hojas dejándolas en un rincón apartado del parque. El frío arañaba y enseñaba su cara más oscura, ya tenían encima las navidades y con ello, toda la parafernalia que la sociedad montaba en torno a este evento. Siempre le había gustado esa época, pero es que no entendía por qué empezaban en noviembre a empezar con las campañas de marketing para incentivar las compras.
Ese año quería hacer algo diferente, desde que su abuela Amparo había muerto, la navidad parecía empañada. En su casa, nadie paraba durante esos días. Sus hermanas, hacían planes para pasar el mayor tiempo posible fuera de casa, pero es que sus padres, ya lo hacían también. El año anterior se habían ido a Mallorca, alegando que tenían que descansar del estrés. ¿Y ella qué?
La universidad le ahogaba con exámenes hasta última hora y ahí estaba ella, sentada en su habitación mirando por la ventana. La melodía del móvil la sacó de sus pensamientos y corrió a buscarlo. Sonrió al ver el nombre de Belén en la pantalla. Su mejor amiga y la que más la entendía.
—¿Si?... ¿Qué?...¿Ahora?...Vale.
Ana dejó el teléfono encima de la cama y cerró los ojos ante el aluvión de pensamientos que las palabras de su amiga le habían hecho recordar. Un nombre. Unos ojos verdes. Un amor no correspondido. Un dolor que nunca abandonó su corazón.
Pasar las navidades en el pueblo de Belén era para ella recordar cosas que nunca hubiera deseado vivir. Pero prefería eso, a la soledad de una casa donde no se escuchaba nada. En el fondo, anhelaba las ruidosas risas de sus hermanas y de ella cuando  se despertaban la víspera de navidad para ver que les habían dejado de regalos. Esa inocencia y esa unidad, era lo que añoraba. Aun recordaba cuando su abuela sacaba el viejo y amarillento mantel navideño para decorar la mesa, cuánto cariño impreso en un acto. Ese día la casa entera olía a asado y a empanadas de boniato que hacía con su abuela. Siempre le había gustado compartir cualquier minuto de su tiempo con esa inquebrantable mujer que siempre la hacía reír y soñar con sus historias.
Suspiró recordando la hora que le había dicho Belén que pasaría  a recogerla. Se puso  a empacar unas cuantas cosas en una pequeña maleta y como no había nadie, le dijo adiós al vacío.
***
Habían conducido cuatro horas, cambiándose de vez en cuando y estaban molidas. No estaban acostumbradas a viajes tan largos. Belén hablaba y hablaba sin cesar. Era lo que más le gustaba de ella. Esa alegría y positivismo se contagiaba con tan solo mirarla.
—Espero que mi madre haga dulces, estoy famélica.
La madre de su amiga, Nieves, era una estupenda cocinera. Las veces que había comido con ellos lo había comprobado, pero su amiga contaba delicias de la cena de Nochebuena y de la comida de navidad. No le había sacado a Belén la pregunta que le quemaba en el pecho. Su amiga no sabía nada de su enamoramiento juvenil.
—Mi hermano vendrá con Teo, un amigo del trabajo que está… —Las dos chicas rieron. Ana tuvo miedo al pensar en una posible novia y sintió  que su corazón se saltaba un latido para recuperarlo tras la noticia.
—No pierdes tiempo.
Su amiga sonrió con picardía.
—Andrés está muy atareado con el trabajo y hace mucho que no para por el pueblo. Va a ser como un reencuentro.
Ana se puso blanca. Sí que sería un reencuentro. Hacía cinco años que no lo veía y temía su reacción. Había estado muy enamorada de él durante su adolescencia. Aun recordaba la última fiesta, las copas de más y el infortunado ataque de sinceridad. La cara de él era todo un poema, mientras ella descargaba sus sentimientos, al terminar, él le dijo que no podían estar juntos. Eso le había dolido, pero aun tuvo un arranque de cordura y se llevó un mágico recuerdo. Un beso que jamás olvidaría, que llenaba sus noches y su corazón.
La voz de Belén sonaba amortiguada bajo el peso de sus pensamientos.
—¿Me oyes? Hemos llegado.
Ana miró al exterior y se dio cuenta de que estaba en ese lugar tan perdido de la ciudad. Las dos amigas sacaron sus maletas y entraron en la calidez de la casa. Nieves, la madre de Belén, las recibió con un gran abrazo.
—Ana, me alegra mucho verte. Hacía mucho tiempo y estás preciosa.
—Muchas gracias.
—Os he estado esperando para hacer dulces, seguro que Andrés y Teo llegan hambrientos.
El nombre rebotó en la mente de Ana, pero en un segundo se olvidó de todo. Nieves les enfundó unos delantales y sacó todos los utensilios que necesitaban. Mientras mezclaban harinas, huevos y demás ingredientes, Ana tuvo un deja vú. Un recuerdo de su abuelo se coló en su mente. De pronto, recordó a la feliz pastelera recreándose en la cocina con una pequeña Ana revoloteando a su lado como una mariposilla. El dolor por la pérdida de esos felices días la hizo sollozar.
Nieves y Belén se sorprendieron, pero también lo hicieron los dos hombres que acababan de llegar en silencio para sorprender a las cocineras. Andrés sabía que ella estaría allí. Se maldecía por haber sido tan insensible en su último encuentro, pero era lo que había sentido. Ahora años después, su corazón se aceleró al ver a la preciosa mujer en la que se había convertido esa niña que le perseguía por todos lados.
—¿Un recuerdo Ana?  –La madre de su amiga parecía preocupada. Sabía por su hija, todo lo que esa joven había sufrido.
—Lo siento. No tenía que haber venido.  –Ana intentó calmarse, no quería fastidiar la felicidad de esas personas—. Mejor me marcho…
Se dio la vuelta para alejarse de allí, cuando su mirada se topó con otra tan anhelada verde, y sintió como su corazón se convertía en caramelo fundido.
—¿Estás bien, Ana?  –En verdad estaba preocupado. El dolor que reflejaba su voz y su mirada le hacían un daño que nunca hubiera imaginado.
Madre e hija se daban cuenta de las miradas entre los dos. Algo muy profundo ocultaban.
—Necesito un momento a solas. —Sin pensar en lo que hacía, pasó junto al hombre que no había podido olvidar, llevándose al baño su atrayente aroma varonil.
En la cocina parecía haberse cortado el tiempo, nadie decía nada. Teo observaba a Belén, tan bonita como siempre y se acercó a saludarla, quizás este año podría tener alguna posibilidad con ella. Nieves se acercó a su hijo.
—Hijo, ¿ha pasado algo entre vosotros?
Andrés maldijo por lo bajo, a veces su madre podía ser algo bruja. Tendría que contarle lo sucedido. La verdad es que necesitaba la sabia opinión de ella. Entre  suspiros fue contado lo que les sucedió. Su madre y hermana abrían mucho los ojos. Belén se daba cuenta de todo.
—Por eso no quería salir con chicos. No te ha olvidado en todos estos años.
La asertación de su hermana, le golpeó de lleno en el estómago.
—No me reproches nada, ella era una niña. —Andrés apretó los puños con furia. Lo que menos necesitaba era eso.
—Creo que se merece que habléis. Lo necesita, ahora mismo se encuentra muy sola.
Andrés sopesó las cosas. Él nunca había podido olvidar a esa jovencita de cabello negro y ojos dorados. Le dolía en el alma que hubiera pasado por tanto.
—Tío, habla con ella y sincérate. Creo que siempre la has querido y… —Teo dejó de hablar.
—No eres el más indicado para hablar. Tú también tienes que decirle algo a Belén, ¿no?
Las miradas de Teo y Belén se cruzaron y se quedaron ancladas la una en la otra. Sin decir nada, sus ojos lo dijeron todo. Nieves sonrió. Esas navidades se presentaban muy divertidas y entrañables. Sus hijos, por fin, habían encontrado a sus medias naranjas.
—Creo que sobro. Voy  a arreglarme mientras viene vuestro padre. Espero disfrutar de una cena entrañable. —La advertencia caló a todos por igual. Andrés salió como un rayo de la cocina.
En el baño, Ana se preguntaba qué iba a hacer para mirar a la cara a esa familia. Apoyó las manos en el lavabo y agachó la cabeza. Sentía el ritmo frenético de su corazón en las sienes.
—Ana, abre la puerta. —La sensual voz la sorprendió. No lo creyó capaz de seguirla—. Necesito hablar contigo de lo sucedido. Ha pasado mucho tiempo, pero no he podido olvidarte.
Las palabras calaron hondo en el corazón de la joven. Poco a poco una tímida sonrisa fue asomando a su pálido rostro.
—Yo tampoco te he olvidado.
Ahora el corazón de ambos latía acompasado, tan solo la puerta los separaba.
—Tuve miedo. Eras muy joven y yo nunca había sentido nada parecido por nadie.
—Me rompiste el corazón. Desde ese momento, mi vida ha sido un caos.
Joder, murmuró Andrés. La había cagado bien y no se había dado ni cuenta, que hasta ahora había evitado cualquier relación. No sabía cómo hacerse perdonar. Apoyó las manos sobre la madera de la puerta. Estaba seguro que podía sentir el calor del cuerpo de ella.
Ana se debatía en mil y un dilemas. No sabía si creerle. Pensó en su abuela, ella siempre le había dicho que había que dar oportunidades, solo así se podía alcanzar la felicidad. Se apoyó contra la puerta y presintió el cuerpo de él tras ella. Tan solo escuchaba el retumbar de su corazón. Contó en voz baja: una, dos y… Abrió la puerta.
Andrés perdió el equilibrio hasta chocar contra el cuerpo de Ana. Ambos ahogaron un gemido al sentirse.
—Es navidad.  –Ana lo dijo muy seria—. Me gustaría pasar unas fiestas entrañables.
—Yo haré que sean las primeras de muchas juntos. —Andrés sonrió.
Sin saber qué hacían, sus labios se unieron para sellar esa promesa. Al final, esa navidad no iba  a ser tan vacía como las anteriores.

FIN

***


Felices Navidad a tod@s. Un abrazo.


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